Fiestas “Eyes Wide Shut”

Lujuria, sensualidad y lujo se unen en las fiestas programadas en toda Europa –especialmente en Holanda y Alemania- durante todo el año, por la empresa holandesa Little Sins y que se celebran en castillos, cuevas, barcos y otras localizaciones sugerentes ambientadas e iluminadas para la ocasión.

Los responsables de Little Sins afirman que ellos sólo organizan fiestas temáticas sugerentes con contenido erótico y con algunos aditamentos, actuaciones y caterings glamourosos y que lo que ocurra en ellas es elección de los asistentes, un total de entre 200 y 400 parejas por fiesta.

En el concepto Dance & Lounge de Little Sins es importante el código de vestir, de acuerdo con el tema de la fiesta, y el protocolo. El precio de la entrada por persona es de 50 a 70 euros, dependiendo de la fiesta y de si se contrata la comida, a los que, evidentemente, hay que sumar el desplazamiento.

La próxima fiesta se celebrará el 19 de mayo en Holanda y el tema será Roma.

Las fiestas de Little Sins saltaron al escándalo y a la prensa local británica en 2009 cuando el escandalizado propietario de Halswell House, un hermoso edificio del siglo XVII rodeado de zonas verdes y con un lago que se encuentra en Somerset, se dio cuenta de que había alquilado su castillo a un grupo de swingers o de bacantes.

Grahame Bond, el propietario de Halswell House, que alquiló la mansión por esa velada por 9.000 libras, relató cómo lo que parecía una fiesta normal y corriente, aunque con un glamour y una cortesía tales que le parecía estar en una escena de Eyes Wide Shut (se supone que antes de que empiece la acción), le dejó estupefacto cuando el organizador anunció: "el momento ha llegado" y todo el mundo empezó a besarse y a acariciarse y a tener sexo... Bond señaló que debajo de los largos ropajes los invitados llevaban prendas “estilo bondage”.

Bond, desconcertado y horrorizado, llegó a avisar a la policía que le comunicó que no podía hacer nada puesto que se trataba de una fiesta privada de adultos que habían acudido libremente y en la que nadie obligaba a nadie a hacer nada que no quisiera.

Naturalmente, la popularidad de las fiestas creció en las siguientes convocatorias y hubo muchas más personas interesadas en asistir...

El propietario de Little Sins, Mike Voorvaart, también se mostró sorprendido por el resultado de la fiesta, la primera que celebraban en Inglaterra, porque pensaban que los británicos eran más recatados y remilgados
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