Las feromonas y la atracción sexual
Ahora que llega el verano, la sangre se altera. Es algo que todos tenemos bastante claro pero ¿qué sucede el resto del año? Podemos aumentar el deseo sexual en los otros con el uso de feromonas.

Estudios científicos confirman al sentido del olfato y a las feromonas como factores importantes en la conducta social y sexual.


Vayamos por partes. ¿Qué son las feromonas? El término proviene del griego, formado por los vocablos pherein (tranportar) y hormon (excitar), por lo que literalmente significa “transportadores de la excitación”. Desde un punto de vista científico, las feromonas se consideran como mensajeros químicos que poseen la capacidad de influenciar, a través del olfato, el comportamiento de multitud de seres vivos. En los cultivos ecológicos se utilizan para atraer a determinados insectos.

¿Dónde se encuentran las feromonas en nuestro cuerpo? Las feromonas humanas se encuentran en las glándulas apócrinas axilares y pubianas que se activan después de la pubertad. Las axilares derivan de compuestos andrógenos, y su mayor concentración es observada en los hombres. Tanto unas como otras (axilares y púbicas) son inodoras pero al ser secretadas, y procesadas por la flora bacteriana de la piel adquieren esa esencia particular y única que todos poseemos.

No tienen ningún olor característico, no huelen a nada en concreto. No olvidemos que el olor corporal que desprendemos no es malo y que el sudor solamente huele mal cuando ha pasado un tiempo y ha fermentado. Vivimos en un momento en el cual con los jabones, y su uso excesivo, es más complicado sentir ese olor característico de cada uno de nosotros.


Mecanismos de percepción y procesamiento cerebral de las feromonas

El olor que percibimos nos genera determinados estímulos, sin ser conscientes. Los receptores olfativos envían señales a la corteza cerebral y se conectan directamente al sistema límbico (el que genera respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales) provocando una asociación emocional espontánea y creando memoria.

Siempre se ha pensado que el olfato en los humanos no jugaba un papel decisivo ya que la vista y el leguaje verbal tenían mucho más peso pero diversas investigaciones han reposicionado la importancia del olfato, en especial, en la mujer, en la selección de sus interacciones sexuales. Especialmente las mujeres nos basamos bastante en él a la hora de interaccionar sexualmente.

Investigaciones con feromonas de K. Grammer en roedores dictaminan que los responsables de la percepción y conducción hacia el cerebro (hipotálamo) del mensaje de las feromonas es el órgano vomeronasal, que no forma parte directamente del olfato principal y se encuentra sobre el paladar duro. Esta estructura contiene receptores y neuronas que responden de manera altamente específica solo a determinadas sustancias.

Se considera, de todos modos, que los dos sistemas olfatorios actuarían de manera complementaria, sumándose así las reacciones emocionales espontáneas y la adaptación conductual posterior de acuerdo a la memoria procesada a nivel del sistema nervioso central.

En cuanto al ser humano, si bien posee también un órgano vomeronasal, aún hay alguna controversia sobre la funcionalidad del mismo.

Unos niegan su actividad mientras que otros han hallado evidencias de su rol. Estos últimos, afirman que hay respuesta a las feromonas, incluso en ínfimas cantidades, y avalan cambios específicos en el comportamiento sexual asociado a variaciones en las secreciones hormonales de las mujeres por la estimulación, a través de las feromonas, de estructuras cerebrales implicadas en el mecanismo de la reproducción.


Cambios conductuales debidos a las feromonas

Dos estudios científicos de Cutler W.O (enfocado en la conducta masculina), y Mc Coy (centrado en el comportamiento femenino). Han demostrado de forma contundente la influencia de las feromonas en el comportamiento humano socio-sexual.
En ambos experimentos se agregaron feromonas sintéticas a las lociones o perfumes usados cotidianamente por las personas participantes y se evaluaron, después de seis semanas de uso regular, los efectos en sus interacciones con el sexo opuesto (caricias/afecto/besos, citas formales e informales, dormir acompañados, relaciones sexuales y masturbación)


Al finalizar, el resultado fue similar en ambos géneros. Los que habían usado feromonas había aumentado sus opciones de mantener relaciones sexuales y de dormir acompañados.

Estos resultados fueron aportados de forma subjetiva por las personas que participaron en el estudio y teniendo en cuenta su vida amorosa previa. Por lo que podría decirse que las feromonas sí cumplen un papel importante en la atracción sexual entre los seres humanos.

Fuente: blog Vivelsexo 
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