Ya sabemos que los hombres fingen orgasmos, concretamente un 30% de ellos según un estudio realizado en la Universidad de Kansas, pero las mujeres seguimos siendo las reinas del fingimiento.
Un 92% de las mujeres ha fingido alguna vez un orgasmo, según un estudio de La Universidad Central de Lancaster (Gran Bretaña) y que el 25% de las hembras humanas gritan al tener sexo no por placer, sino por motivar a sus parejas.
No es contraproducente –sino, al contrario- expresarse con gemidos y vocalizaciones diversas para que la pareja sepa que está dando placer y para que se sienta reconocido y aceptado como amante, una de las principales pulsiones que mueven a los hombres.
También podríamos encontrar aceptable –o, al menos, no demasiado dañino- interpretar un orgasmo con una pareja ocasional, por aquello de que no se sienta mal, porque nos hemos equivocado al evaluarlo como amante y somos incompatibles o porque sea uno de esos hombres que quieren batir récords de duración...
Las mujeres fingen por cansancio o porque tienen ganas de dormir, porque les da vergüenza tardar demasiado o porque el hombre presiona para que lleguemos ya o pregunta constantemente cómo vamos.
Sinceridad con un ligue
Aunque se trate de una aventura de una noche, podemos guiarle para que nos dé placer (lo que desean la mayoría de los hombres es complacer a su partenaire sexual), decirle lo que nos gusta o pedirle que nos acaricie de una forma determinada o en algún sitio concreto o hacerle saber que estamos cansadas con un comentario elogioso del estilo: "estoy destrozada, has acabado conmigo" o "no puedo más, eres un hombre muy sexy y sexual" o "eres muy potente"o "eres un tigre" (en la cama y con una sonrisa y tono distendido estas expresiones no suenan tan mal).
Con estas expresiones no es necesario fingir un segundo orgasmo, ni un primero, y él se da cuenta de la situación y puede actuar en consecuencia. Además, quien sabe, igual volvéis a quedar y te encontrarás atrapada en tu propia mentira.
Sinceridad con la pareja
Fingir orgasmos con la pareja, nos lleva a una peligrosa espiral sin fin:
-Si él piensa que lo hace todo bien, seguirá usando las mismas caricias, movimientos y técnicas que no nos hacen felices.
-Acabaremos sintiéndonos como unas farsantes y unas mentirosas (lo somos....)
-Nuestra insatisfacción sexual crecerá a medida que pase el tiempo.
-Cuando hablemos de sexo con las amigas, tendremos que fingir también que tenemos orgasmos o que nuestra vida sexual es genial.
-Cuantas más veces finjamos un orgasmo, más lejos estaremos de experimentarlo.
-Estamos limitando nuestra propia sexualidad y nuestra libertad de expresión.
-Estamos socavando la confianza en nosotras mismas y con nuestra pareja.
-Cada vez tendremos menos ganas de hacer el amor con nuestro costillo. ¿Hasta dónde estamos dispuestas a fingir? ¿Fingiremos también que nos apetece muchísimo comernos a nuestro hombre?
-Se acabará el probar cosas nuevas porque él pensará que con sus acciones y atenciones habituales consigue un 100% de éxitos (y los hombres tienden a ser rutinarios cuando descubren que algo les funciona).
-Si entras en la espiral de fingir orgasmos, cuando algún día desees cambiar tu vida sexual, no sabrás cómo decirle la verdad ni cómo confesar que le has estado engañando. Sin embargo, ese puede ser el primer paso para tu renacer sexual.
Si decides ser sincera, cuéntale los motivos que te han llevado a esta situación: te daba vergüenza, pensabas que no eras normal, no querías que se sintiera mal, estabas muchas veces a punto pero te enfriabas por cualquier motivo y siempre pensabas que la próxima vez llegarías, disfrutas mucho con él pero te falta el punto para llegar a un orgasmo...
-Tendrás a tu hombre engañado y puede que cada vez sea menos… hábil. Si rompes con él condenarás a las otras mujeres con las que se acueste a la insatisfacción (otras fingidoras podrían hacer lo mismo con tu nuevo amor…).
Algunas claves para no fingir
Además de pedir lo que queremos y hacer saber a nuestro compañero lo que nos da más placer o enseñarle cómo nos masturbamos (puede ser muy sexy…), tenemos que aprender a disfrutar del momento y a vivir el sexo –desde el principio hasta el fin- como una experiencia total y placentera; a excitarnos y a excitar; a estimular nuestra sensualidad, y a no vivir el sexo como una tarea que tiene que dar sus frutos o como una carrera en pos del orgasmo.
La cantidad no es preferible a la calidad.
Un 92% de las mujeres ha fingido alguna vez un orgasmo, según un estudio de La Universidad Central de Lancaster (Gran Bretaña) y que el 25% de las hembras humanas gritan al tener sexo no por placer, sino por motivar a sus parejas.
No es contraproducente –sino, al contrario- expresarse con gemidos y vocalizaciones diversas para que la pareja sepa que está dando placer y para que se sienta reconocido y aceptado como amante, una de las principales pulsiones que mueven a los hombres.
También podríamos encontrar aceptable –o, al menos, no demasiado dañino- interpretar un orgasmo con una pareja ocasional, por aquello de que no se sienta mal, porque nos hemos equivocado al evaluarlo como amante y somos incompatibles o porque sea uno de esos hombres que quieren batir récords de duración...
Las mujeres fingen por cansancio o porque tienen ganas de dormir, porque les da vergüenza tardar demasiado o porque el hombre presiona para que lleguemos ya o pregunta constantemente cómo vamos.
Sinceridad con un ligue
Aunque se trate de una aventura de una noche, podemos guiarle para que nos dé placer (lo que desean la mayoría de los hombres es complacer a su partenaire sexual), decirle lo que nos gusta o pedirle que nos acaricie de una forma determinada o en algún sitio concreto o hacerle saber que estamos cansadas con un comentario elogioso del estilo: "estoy destrozada, has acabado conmigo" o "no puedo más, eres un hombre muy sexy y sexual" o "eres muy potente"o "eres un tigre" (en la cama y con una sonrisa y tono distendido estas expresiones no suenan tan mal).
Con estas expresiones no es necesario fingir un segundo orgasmo, ni un primero, y él se da cuenta de la situación y puede actuar en consecuencia. Además, quien sabe, igual volvéis a quedar y te encontrarás atrapada en tu propia mentira.
Sinceridad con la pareja
Fingir orgasmos con la pareja, nos lleva a una peligrosa espiral sin fin:
-Si él piensa que lo hace todo bien, seguirá usando las mismas caricias, movimientos y técnicas que no nos hacen felices.
-Acabaremos sintiéndonos como unas farsantes y unas mentirosas (lo somos....)
-Nuestra insatisfacción sexual crecerá a medida que pase el tiempo.
-Cuando hablemos de sexo con las amigas, tendremos que fingir también que tenemos orgasmos o que nuestra vida sexual es genial.
-Cuantas más veces finjamos un orgasmo, más lejos estaremos de experimentarlo.
-Estamos limitando nuestra propia sexualidad y nuestra libertad de expresión.
-Estamos socavando la confianza en nosotras mismas y con nuestra pareja.
-Cada vez tendremos menos ganas de hacer el amor con nuestro costillo. ¿Hasta dónde estamos dispuestas a fingir? ¿Fingiremos también que nos apetece muchísimo comernos a nuestro hombre?
-Se acabará el probar cosas nuevas porque él pensará que con sus acciones y atenciones habituales consigue un 100% de éxitos (y los hombres tienden a ser rutinarios cuando descubren que algo les funciona).
-Si entras en la espiral de fingir orgasmos, cuando algún día desees cambiar tu vida sexual, no sabrás cómo decirle la verdad ni cómo confesar que le has estado engañando. Sin embargo, ese puede ser el primer paso para tu renacer sexual.
Si decides ser sincera, cuéntale los motivos que te han llevado a esta situación: te daba vergüenza, pensabas que no eras normal, no querías que se sintiera mal, estabas muchas veces a punto pero te enfriabas por cualquier motivo y siempre pensabas que la próxima vez llegarías, disfrutas mucho con él pero te falta el punto para llegar a un orgasmo...
-Tendrás a tu hombre engañado y puede que cada vez sea menos… hábil. Si rompes con él condenarás a las otras mujeres con las que se acueste a la insatisfacción (otras fingidoras podrían hacer lo mismo con tu nuevo amor…).
Algunas claves para no fingir
Además de pedir lo que queremos y hacer saber a nuestro compañero lo que nos da más placer o enseñarle cómo nos masturbamos (puede ser muy sexy…), tenemos que aprender a disfrutar del momento y a vivir el sexo –desde el principio hasta el fin- como una experiencia total y placentera; a excitarnos y a excitar; a estimular nuestra sensualidad, y a no vivir el sexo como una tarea que tiene que dar sus frutos o como una carrera en pos del orgasmo.
La cantidad no es preferible a la calidad.
La frase "los hombres también lloran", que reclama la sensibilidad masculina, debería complementarse con "los hombres también fingen".
En una encuesta aleatoria realizada por teléfono a 1.501 estadounidenses, las conclusiones fueron que un 48% de las mujeres y un 11% de los hombres fingen el orgasmo.
El tanto por ciento de hombres fingidores aumentó hasta el 30% en un estudio realizado en la Universidad de Kansas entre 101 mujeres y 180 hombres. El porcentaje de mujeres que admitieron haber fingido el clímax fue del 67%.
En otro estudio realizado en Gran Bretaña en el que encuestaron a 1000 hombres y mujeres de 18 a 65 años, el 15% de los hombres admitieron haber simulado el orgasmo alguna vea en su vida. De estos, casi la mitad reconocieron que habían fingido casi un 70% de las veces. El tanto por ciento de mujeres sobreactuadoras fue del 50%.
Demasiada presión
Los motivos de que tanto hombres y mujeres falseen los orgasmos habría que buscarlos en la creciente presión sobre nuestra vida sexual por la cual todos tenemos que ser fenómenos sexuales abiertos a todas las experiencias y a que nuestra satisfacción se mide ya no por llegar al orgasmo sino por el número de orgasmos, especialmente en las mujeres, sin tener en cuenta el camino. Es decir, se busca obtener resultados y rendir en lugar de disfrutar y dar placer.
Para entender que los hombres fingen el orgasmo hay que tener en cuenta que ellos pueden tener orgasmos sin eyacular y a la inversa. O sea, que la "prueba" en un preservativo o un gruñido de placer supremo o incluso un grito o varios no son sinónimos de que ellos hayan tenido un orgasmo.
Y al revés, la ausencia de sonidos del amor delatores o de emisión de semen no significa que ellos no hayan llegado a lo más alto.
Sin embargo, no empecemos a sospechar de ellos. Simplemente disfrutemos y hablemos con franqueza si tenemos cualquier problema.

¿Por qué fingimos?
Las mujeres fingen para reforzar la autoestima de su pareja o no herirla o, también, para terminar con un acto sexual demasiado largo. Los hombres simulan para no romper la imagen viril que tiene de ellos su compañera de juegos o por miedo al abandono.
La anorgasmia en los hombres puede deberse a factores variados como estrés, ansiedad, miedo al embarazo, miedo a que los cacen, depresión, fatiga, culpa, problemas con la pareja o el consumo de drogas o alcohol. Todos estos problemas pueden provocar eyaculación retardada o anorgasmia y el hombre se puede sentir tan presionado que decide sobreactuar para que su partenaire no lo juzgue o no se sienta mal.
Fingir no es la solución, sino todo lo contrario; puede hacer que este problema se convierta en crónico.
La solución, como siempre, está en comunicarse con la pareja, abordar el tema de frente y expresar lo que nos gusta y lo que queremos.
Fuente: www.lamaletaroja.com
En una encuesta aleatoria realizada por teléfono a 1.501 estadounidenses, las conclusiones fueron que un 48% de las mujeres y un 11% de los hombres fingen el orgasmo.
El tanto por ciento de hombres fingidores aumentó hasta el 30% en un estudio realizado en la Universidad de Kansas entre 101 mujeres y 180 hombres. El porcentaje de mujeres que admitieron haber fingido el clímax fue del 67%.
En otro estudio realizado en Gran Bretaña en el que encuestaron a 1000 hombres y mujeres de 18 a 65 años, el 15% de los hombres admitieron haber simulado el orgasmo alguna vea en su vida. De estos, casi la mitad reconocieron que habían fingido casi un 70% de las veces. El tanto por ciento de mujeres sobreactuadoras fue del 50%.
Demasiada presión
Los motivos de que tanto hombres y mujeres falseen los orgasmos habría que buscarlos en la creciente presión sobre nuestra vida sexual por la cual todos tenemos que ser fenómenos sexuales abiertos a todas las experiencias y a que nuestra satisfacción se mide ya no por llegar al orgasmo sino por el número de orgasmos, especialmente en las mujeres, sin tener en cuenta el camino. Es decir, se busca obtener resultados y rendir en lugar de disfrutar y dar placer.
Para entender que los hombres fingen el orgasmo hay que tener en cuenta que ellos pueden tener orgasmos sin eyacular y a la inversa. O sea, que la "prueba" en un preservativo o un gruñido de placer supremo o incluso un grito o varios no son sinónimos de que ellos hayan tenido un orgasmo.
Y al revés, la ausencia de sonidos del amor delatores o de emisión de semen no significa que ellos no hayan llegado a lo más alto.
Sin embargo, no empecemos a sospechar de ellos. Simplemente disfrutemos y hablemos con franqueza si tenemos cualquier problema.

¿Por qué fingimos?
Las mujeres fingen para reforzar la autoestima de su pareja o no herirla o, también, para terminar con un acto sexual demasiado largo. Los hombres simulan para no romper la imagen viril que tiene de ellos su compañera de juegos o por miedo al abandono.
La anorgasmia en los hombres puede deberse a factores variados como estrés, ansiedad, miedo al embarazo, miedo a que los cacen, depresión, fatiga, culpa, problemas con la pareja o el consumo de drogas o alcohol. Todos estos problemas pueden provocar eyaculación retardada o anorgasmia y el hombre se puede sentir tan presionado que decide sobreactuar para que su partenaire no lo juzgue o no se sienta mal.
Fingir no es la solución, sino todo lo contrario; puede hacer que este problema se convierta en crónico.
La solución, como siempre, está en comunicarse con la pareja, abordar el tema de frente y expresar lo que nos gusta y lo que queremos.
Fuente: www.lamaletaroja.com
Siempre se ha asegurado que el sexo nos ayuda a estar de mejor humor, que activa la circulación y el riego sanguíneo, que mejora el sistema inmunitario y que rejuvenece.
Ahora, en esta nueva tendencia por demostrar con estudios científicos algunas verdades evidentes o algunas creencias populares, diversos estudios científicos han investigado sobre los beneficios reales del sexo.
El sexo rejuvenecedor
Un estudio a largo plazo realizado por investigadores del Royal Edinburgh Hospital (Escocia), en el que participaron 3.500 personas entre 30 y 101 años, llegó a la conclusión de que la actividad sexual regular podría rejuvenecer a una persona entre cuatro y siete años.
Para obtener sus resultados, los investigadores mostraron fotos de los participantes a un equipo de jueces que tenían que adivinar su edad.
Las personas que fueron identificadas como más jóvenes eran las que tenían una mayor actividad sexual.
Asimismo, se puede ayudar a que el cuerpo produzca de forma natural Dhea reduciendo el estrés, haciendo yoga y ejercicio e incluyendo en la dieta alimentos como soja y ñame silvestre –que ayudan a producir la hormona- o alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, como salmón, sardinas, atún, anchoas, huevos, lechuga, espinacas, fresas, nueces y semillas de lino, que ayudan a que el cuerpo absorba la Dhea más fácilmente.
Proteger la salud, evitar enfermedades
La Dhea ayuda a mantener la piel saludable, tonifica los músculos y repara los tejidos. Numerosos estudios científicos han demostrado que niveles bajos de Dhea están directamente relacionados con la aparición y desarrollo de enfermedades propias de la edad como el colesterol, la diabetes, la osteoporosis, la insuficiencia cardíaca o el cáncer. Unos mayores niveles de DHEA podrían actuar como protección.
En el caso de los hombres, según la American Medical Association, cuantas más eyaculaciones tengan, menor será el riesgo de que desarrollen cáncer de próstata.
Más vida, mejor vida
Además de rejuvenecer el aspecto exterior, practicar sexo alarga la vida, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres. Según un estudio publicado por el British Medical Journal, los hombres que tienen relaciones sexuales una vez al mes tienen el doble de riesgo de morir en los próximos diez años que los que tienen sexo una vez a la semana.
En el caso de las mujeres, según otra investigación, las más activas sexualmente viven entre siete u ocho años más.
Eso sí, a los que no hagan el amor ni practiquen ningún otro tipo de placer, la vida se les puede hacer mucho más larga…
Con todo el corazón
Respecto a la relación entre hacer el amor y tener el corazón en forma, un estudio de la Universidad de Queens en Belfast llegó a la conclusión de que los hombres que tienen sexo 3 o más veces por semana reducen al 50% el riesgo de sufrir un ataque cardíaco.
El sexo frecuente, además, puede disminuir la posibilidad de padecer un derrame cerebral.
La razón hay que buscarla de nuevo en la hormona Dhea, ya que un orgasmo aumenta la producción de esta sustancia, que contribuye a mejorar la circulación y el flujo sanguíneo y oxigenar el cerebro y los órganos internos.
Por el contrario, un problema de disfunción eréctil es un indicador de una mala salud cardiovascular.
Regular el período
Endocrinólogos de las universidades de Columbia y Stanford han descubierto que las mujeres que tienen sexo al menos una vez por semana tienen ciclos menstruales más regulares que las que no tienen relaciones sexuales o que las que las tienen esporádicamente.
Combatir el estrés, aliviar el dolor
Aquellos que ponen como excusa para no hacerlo que están demasiado estresados o que les duele la cabeza o la espalda o lo que sea deberían saber que, tras el sexo, con el cuerpo inundado de oxitocina y de endorfinas, el estrés, la depresión y el dolor disminuyen. De hecho, el sexo es un buen remedio contra la mayoría de dolores de cabeza o contracturas provocadas por el estrés diario.
Además, las endorfinas liberadas inducen al sueño, por lo que los insomnes podrían encontrar su "somnífero" en el sexo a la hora de ir a dormir.
Disfrutar más
Diversos estudios sostienen que las prácticas sexuales frecuentes inducen aún a más actividad y a disfrutar más. La explicación hay que buscarla tanto en que aumenta la producción de hormonas, entre ellas la testosterona –que también en las mujeres tiene relación con una mayor libido-como en que al pensar más en el sexo y disfrutarlo, nuestra mente y nuestro cuerpo están más predispuestos.
De acuerdo con un estudio de la Universidad de Pennsylvania, las mujeres cuyos niveles de testosterona fluctuan son 2 o 3 veces más propensas a que su deseo sexual disminuya que las que tienen niveles más estables de testosterona.
Stop a las gripes
El sexo frecuente mejora el sistema inmunológico y, por tanto, mantiene a raya los costipados y las gripes.
Un estudio de la Universidad de Wilkes, Pensilvania, descubrió que los estudiantes que tienen relaciones sexuales dos o más veces por semana tienen niveles más altos de inmunoglobina A, que se encuentra en la saliva y en las mucosas y es la primera línea de defensa del cuerpo frente a las infecciones.
Ya no nos queda ninguna duda: el sexo es salud.
Fuente: www.lamaletaroja.com
Ahora, en esta nueva tendencia por demostrar con estudios científicos algunas verdades evidentes o algunas creencias populares, diversos estudios científicos han investigado sobre los beneficios reales del sexo.
El sexo rejuvenecedor
Un estudio a largo plazo realizado por investigadores del Royal Edinburgh Hospital (Escocia), en el que participaron 3.500 personas entre 30 y 101 años, llegó a la conclusión de que la actividad sexual regular podría rejuvenecer a una persona entre cuatro y siete años.
Para obtener sus resultados, los investigadores mostraron fotos de los participantes a un equipo de jueces que tenían que adivinar su edad.
Las personas que fueron identificadas como más jóvenes eran las que tenían una mayor actividad sexual.
La responsable de este efecto es la hormona de crecimiento, Dhea, cuya producción aumenta durante el encuentro sexual. Esta hormona también se conoce como la hormona de la juventud o el elixir de la eterna juventud.
Otros estudios han registrado que la presencia de Dhea aumenta durante la etapa de la excitación de la pareja.Asimismo, se puede ayudar a que el cuerpo produzca de forma natural Dhea reduciendo el estrés, haciendo yoga y ejercicio e incluyendo en la dieta alimentos como soja y ñame silvestre –que ayudan a producir la hormona- o alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, como salmón, sardinas, atún, anchoas, huevos, lechuga, espinacas, fresas, nueces y semillas de lino, que ayudan a que el cuerpo absorba la Dhea más fácilmente.
Proteger la salud, evitar enfermedades
La Dhea ayuda a mantener la piel saludable, tonifica los músculos y repara los tejidos. Numerosos estudios científicos han demostrado que niveles bajos de Dhea están directamente relacionados con la aparición y desarrollo de enfermedades propias de la edad como el colesterol, la diabetes, la osteoporosis, la insuficiencia cardíaca o el cáncer. Unos mayores niveles de DHEA podrían actuar como protección.
En el caso de los hombres, según la American Medical Association, cuantas más eyaculaciones tengan, menor será el riesgo de que desarrollen cáncer de próstata.
Más vida, mejor vida
Además de rejuvenecer el aspecto exterior, practicar sexo alarga la vida, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres. Según un estudio publicado por el British Medical Journal, los hombres que tienen relaciones sexuales una vez al mes tienen el doble de riesgo de morir en los próximos diez años que los que tienen sexo una vez a la semana.
En el caso de las mujeres, según otra investigación, las más activas sexualmente viven entre siete u ocho años más.
Eso sí, a los que no hagan el amor ni practiquen ningún otro tipo de placer, la vida se les puede hacer mucho más larga…
Con todo el corazón
Respecto a la relación entre hacer el amor y tener el corazón en forma, un estudio de la Universidad de Queens en Belfast llegó a la conclusión de que los hombres que tienen sexo 3 o más veces por semana reducen al 50% el riesgo de sufrir un ataque cardíaco.
El sexo frecuente, además, puede disminuir la posibilidad de padecer un derrame cerebral.
La razón hay que buscarla de nuevo en la hormona Dhea, ya que un orgasmo aumenta la producción de esta sustancia, que contribuye a mejorar la circulación y el flujo sanguíneo y oxigenar el cerebro y los órganos internos.
Por el contrario, un problema de disfunción eréctil es un indicador de una mala salud cardiovascular.
Regular el período
Endocrinólogos de las universidades de Columbia y Stanford han descubierto que las mujeres que tienen sexo al menos una vez por semana tienen ciclos menstruales más regulares que las que no tienen relaciones sexuales o que las que las tienen esporádicamente.
Combatir el estrés, aliviar el dolor
Aquellos que ponen como excusa para no hacerlo que están demasiado estresados o que les duele la cabeza o la espalda o lo que sea deberían saber que, tras el sexo, con el cuerpo inundado de oxitocina y de endorfinas, el estrés, la depresión y el dolor disminuyen. De hecho, el sexo es un buen remedio contra la mayoría de dolores de cabeza o contracturas provocadas por el estrés diario.
Además, las endorfinas liberadas inducen al sueño, por lo que los insomnes podrían encontrar su "somnífero" en el sexo a la hora de ir a dormir.
Disfrutar más
Diversos estudios sostienen que las prácticas sexuales frecuentes inducen aún a más actividad y a disfrutar más. La explicación hay que buscarla tanto en que aumenta la producción de hormonas, entre ellas la testosterona –que también en las mujeres tiene relación con una mayor libido-como en que al pensar más en el sexo y disfrutarlo, nuestra mente y nuestro cuerpo están más predispuestos.
De acuerdo con un estudio de la Universidad de Pennsylvania, las mujeres cuyos niveles de testosterona fluctuan son 2 o 3 veces más propensas a que su deseo sexual disminuya que las que tienen niveles más estables de testosterona.
Stop a las gripes
El sexo frecuente mejora el sistema inmunológico y, por tanto, mantiene a raya los costipados y las gripes.
Un estudio de la Universidad de Wilkes, Pensilvania, descubrió que los estudiantes que tienen relaciones sexuales dos o más veces por semana tienen niveles más altos de inmunoglobina A, que se encuentra en la saliva y en las mucosas y es la primera línea de defensa del cuerpo frente a las infecciones.
Ya no nos queda ninguna duda: el sexo es salud.
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Este fin de semana he tenido el placer de asistir a la Convención Internacional de Asesoras de la Maleta Roja. Una gran experiencia!!
"Más de 150 expertas en sexualidad de todo el mundo se reúnen en Castelldefels"Noticias del Ayuntamiento de Castelldefels
Con motivo de su V Aniversario, La Maleta Roja, empresa dedicada al erotismo y salud sexual de la mujer, ha organizado la VI Convención Internacional LMR en la que reunirá a más de 150 expertas asesoras y profesionales (sexólogas, terapeutas, psicólogas…) de la compañía de todo el mundo. El evento, que tendrá lugar en Castelldefels los días 12 y 13 de marzo, contará con la presencia de la regidora de Políticas de Igualdad de Catselldefels, Núria Milà (PSC).
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Muchas veces las mujeres nos preguntan en las reuniones: ¿Cuál es la diferencia entre un vibrador y un consolador? Y la verdad es que no nos extraña la pregunta teniendo en cuenta la increíble variedad de juguetes eróticos existentes en el mercado hoy en día.
Generalmente se puede decir que un vibrador es cualquier juguete erótico con forma fálica que emite vibraciones o rota y funciona con pilas o electricidad. Si no tiene forma fálica, ya estaríamos hablando de un masajeador.
El termino consolador (para nosotras MUY anticuado, no necesitamos que nos consuelen, sino que nos den placer) designa un objeto diseñado especialmente para la inserción vaginal o anal pero que no vibra.
Preferimos llamar al consolador "dildo" que al fin y al cabo es su nombre a través de la historia y en el mercado erótico.
Historia del dildo
La palabra dildo procede, presuntamente, del latín "dilatare" que significa dilatar o abrir, o, posiblemente, según otras versiones, de la palabra italiana "dilettare" que significa gozar, entretener, o dar placer.
Pero la historia del dildo se remonta a miles de años atrás. El dildo más antiguo lo descubrieron unos arqueólogos en Harappa, Pakistán, y data de 4000 años a.C. Se supone que estos objetos fálicos tenían una función en rituales sexuales religiosos.
Pero hay un objeto arqueológico mas antiguo (tiene 28.000 años de antigüedad) que puede sustituir al hallazago en Pakistan: El dildo de piedra pulida y de 20 centímetros de longitud que se encontró en una cueva cerca de Ulm, en Alemania, y que se puede contemplar en el museo prehistórico de Blaubeuren.
Dildo datado en 28.000 años de antiguedad encontrado en Alemania.
La primera constancia que tenemos del dildo como objeto de placer procede de la antigua Grecia. En esa época, se llamaban olisbos y los vendian los mercaderes griegos a las mujeres mediterráneas solteras para su placer. Hechos de barro o vidrio, las griegas se deleitaban llenándolos de agua templada o leche de cabra. También los hacían de cuero y atados con correas servían para el coito entre las parejas lésbicas.
Aunque declarado pecaminoso por los representantes religiosos en la Edad Media, el dildo alcanza su mayor apogeo en la época renacentista, en el siglo XVII, una época que se decanta por los valores sensuales. Realizados de madera o de cuero, para hacer un uso placentero de ellos y evitar roces incómodos era preciso usar abundante aceite de oliva como lubricante.
En la medicina china era muy común tener un dildo y era normal (también para el hombre) que una mujer tuviera por lo menos uno en casa.
Dildo doble fabricado en Jade utilizado en la antigua China (siglos X - XIII)
Durante mucho tiempo, en nuestra cultura occidental, y sobre todo en la epoca Victoriana, aquellas mujeres que sufrían de irritabilidad, ansiedad, etc, por falta de placer sexual, eran diagnosticadas como "histéricas"; el mal que tenían era denominado “histeria” (en Griego, "Hystera" era "Utero") y eran curadas por los médicos haciendo uso de masajes pélvicos o de dildos.
La sanación de la paciente se demostraba cuando, con el "tratamiento", se producían vibraciones del cuerpo, acaloramiento, respiración jadeante. En fin, lo que hoy en día nosotros denominamos orgasmo. Es en aquellos tiempos donde nacen los primeros vibradores para el tratamiento a las "Histéricas".
Vibrador patentado en 1891 por el doctor George Taylor.
A principios del siglo 20, el dildo se convirtió otra vez en un objeto pornográfico y antifeminista. Ya en los años setenta, sobre todo en E.E.U.U. y norte de Europa donde la sexualidad de la mujer experimenta un cambio radical (gracias a la píldora), el dildo goza de una gran aceptación general e incluso es políticamente correcto entre las más feministas.
Hoy en día, cada vez más libres del estigma social, el dildo y en vibrador se han convertido en los juguetes eróticos preferidos, tanto por las mujeres como por los hombres.
Fuente: www.lamaletaroja.es








